domingo, 29 de junio de 2008

EntreLíneaS

Odiaba a su padre. Y a su madre también. Creía que nunca iba a decir esas palabras, pero las había repetido una y otra vez entre lágrimas y sollozos desde que aquella noche sus padres habían reunido a toda la familia en el salón para comunicarles la noticia. Se mudaban de casa y, lo peor de todo, también de ciudad, o mejor dicho, cambiaban la gran urbe por una aldea perdida en medio de la campiña francesa.


¿Por qué le tenía que pasar eso a él? Ahora, que a sus 9 años y después de pelear durante los últimos dos años había conseguido que Doroline le hiciera caso y aceptase ser su novia, aunque todavía se negaba a darle un beso, decía ella que le daba asco y que eso era de personas sin educación y sin escrúpulos. Él no pensaba así. Más que nada porque cada noche veía como su madre recibía a su padre con un beso cuando llegaba de trabajar, y desde bien pequeños, a él y a su hermana, siempre les habían mandado recibir a su padre y a todos los invitados que iban a casa a darles un beso de bienvenida. Además, cuando se encontraba en frente de Doroline se moría de ganas por darle un beso, de sentir el mismo olor que desprenden las praderas en la primavera en sus cabellos rizados, de mirar fijamente y muy de cerca sus grandes ojos de iris verde y rayas amarillas. Era la mirada de un gato en la cara pecosa de una niña refinada de la Francia de principios del siglo veinte, procedente de familia adinerada y puede que, por ello, siempre muy bien preparada y perfumada.


Hacía un par de días tan sólo que había logrado rozarle la mejilla con sus labios y sonrojarla por ello. Nunca olvidaría aquella expresión en el rostro de Doroline. Entre la sorpresa de recibir aquel beso y el rubor que le había provocado, su rostro había mostrado el reflejo más hermoso que él nunca antes había visto. Y justo ahora, tan sólo dos días después de la que sin duda había sido una de las mejores experiencias de su vida, sus padres decidían mudarse.


Lo bueno que tenía todo aquello era que por primera vez su hermana y él estaban de acuerdo en protestar. Tampoco a ella la gustaba la idea de irse justo en aquel momento. Leire, a sus 15 años, comenzaba a salir hasta las nueve de la noche con su grupo de amigos por la zona antigua de la ciudad y según se decía en el patio del colegio, estaba saliendo con el chico por el que todas las adolescentes suspiraban. Moreno, de ojos negros y con labios gruesos, aquel joven extranjero destacaba por los rasgos comunes a su raza latina y por su carismática forma de ser. Leire era la envidia de muchas jóvenes de su edad e incluso las de un curso superior al suyo, lo que era todo un orgullo para ella. Pero como todo en esta vida, el cuento de hadas que ambos hermanos habían comenzado en su ciudad natal veía el final del túnel, o el comienzo de uno, ya que no sabían lo que iban a encontrarse en la nueva etapa de su vida.
Marie, la chica que siempre les había cuidado tanto a él como a su hermana desde que Leire era pequeña, era experta en eso de las mudanzas. Por motivos laborales de sus padres, Marie había vivido en Bordeaux, en Lyon, en Lorient, en Reims y en Paris, donde había conocido a la familia de Luc.
- No te preocupes, Luc. Encontrarás a otra chica tan guapa como Doroline en la nueva ciudad. Además, siempre es intrigante lo que pueda sucederte allí, a quién puedas conocer o incluso lo que puedas llegar a hacer allí.
La 'nana', como Luc y Leire solían llamar a Marie, siempre sabía las palabras exactas para levantar el ánimo de los dos niños, pero aquella vez las palabras no eran suficientes.
- ¿Y mis amigos? ¿Y los abuelos?¿Y el colegio?....
Realmente el colegio era lo que menos le importaba, pero en ese momento toda excusa era buena para intentar echar atrás los propósitos de sus padres. Para un niño de 9 años no era fácil comprender que el trabajo de su padre obligaba a toda la familia a trasladarse a un pueblo del que ni siquiera había escuchado el nombre, ni en clase de geografía por muy poca atención que tomara a las explicaciones del Narigón. Fijo que hasta a él lo echaría de menos porque era imposible que existiese ningún otro profesor tan mustio y feo como el profesor de geografía de su colegio.
En su habitación siempre decorada con payasos y arlequines vestidos con trajes de mil colores, reinaban ahora las interminables montañas de cajas de cartón. No estaba el escritorio, ni las estanterías que desde siempre habían sujetado sus libros, por no estar no estaba ni el somier de su cama. Eso fue lo primero que cargaron en el camión de la mudanza que había salido por la mañana, mientras Luc desayunaba en la cocina, mientras comía el último bocado de tostada que comería en aquella casa, el último sorbo de leche, el último, el último, el último. Ahora odiaba esa palabra que se había convertido en un habitual en todas sus conversaciones. Era como si el fin del mundo estuviera a punto de llegar y nadie podía hacer nada para evitarlo.
El portazo y las tres vueltas de llave que dio su padre a la puerta de entrada de su casa había sonado mucho peor que un adiós. Aquello era el fin. No le daban ni el tiempo necesario para despedirse de todos los que le hubiese gustado estrechar por última vez la mano. Sólo pasaron por casa de sus abuelos para despedirse de ellos, eso sí, su abuela, con lágrimas en los ojos, le había dado una caja de bombones y galletas caseras a su hermana y otra para él; y su abuelo les había dado un billete de 20 francos. Nunca antes les había dado tanto dinero, pero aquello ya no importaba porque en la nueva ciudad Luc no sabría dónde estarían las tiendas más interesantes para invertir aquellos francos. Y ahorrar...ahorrar era muy aburrido. ¿Para qué sirve el dinero parado en una caja si sólo tú vas a saber cuánto hay dentro?
Al abrir la cartera para guardar los 20 francos, una fotografía de Doroline se cayó al suelo. Era el único recuerdo que tendría de la niña que le había robado sus primeros sueños y lo que iba a ser un secreto ahora lo sabía toda la familia. Con un sonrisa dulce en los labios, su abuela recogió la fotografía del suelo y entregándosela intentó animar a Luc asegurándole que en su nuevo hogar encontraría otra niña tan guapa como Doroline.
Esa frase ya la había oído antes ese mismo día y no le gustaba. Cuando los mayores repiten las frases es porque les das pena, porque creen que eres tonto o porque la situación es tan mala que no hay palabras coherentes para decir, y por eso todos repiten la misma tontería. Otro apoyo más para quedarse en su casa de siempre, pero como antes ya lo había hecho, su padre no atendió a las explicaciones que le daba.
Sentado en el asiento trasero del auto, la imagen de los abuelos sacudiendo la mano en forma de despedida y las casas de la ciudad alejándose componían el paisaje más triste de su corta vida y que nunca olvidaría. También su hermana se despedía de sus abuelos y de la ciudad mientras se secaba inútilmente las lágrimas que le rodaban por el rostro. Sus destinos tomaban un nuevo rumbo.

miércoles, 18 de junio de 2008

TReNeS


Le encantaba aquel aparato. Ruidoso y juguetón, el tren siempre había alimentado su fantasía de innumerables historias desde pequeña. El chiflar de la locomotora que la despertaba cada mañana en su casa de verano era el único sonido que conseguía arrancarle del cálido abrazo de las sábanas cuando era niña. Nunca olvidaría esa imagen del tren pasando por el límite de la finca de sus abuelos y de su abuela asomada a la ventana de la cocina reprendiéndola por no llevar nada más encima que el fino camisón de tirantes.


La casa de los abuelos era enorme. Rodeada de un inmenso jardín con palmeras, naranjos, avellanos y rosales, la vivienda se levantaba tres pisos del suelo y entre sus gruesos muros de piedra conservaba los recuerdos de su familia desde hacía más de cien años. Aquella casa había tenido de todo: establos, un bar, una tienda y hasta una guardería. Y de todo aquello ahora sólo quedaban grandes habitaciones que se fueron adecuando en el tiempo según las necesidades de sus abuelos.


Su habitación estaba en la buhardilla, que era tan grande como la planta de toda la casa. Por el invierno aquella estancia tan gran y apenas con mobiliario, le daba miedo. Las sombras de la noche, el chirriar de las maderas del suelo y sonido del viento...todo era motivo para estar asustado y pensar que algo raro iba a suceder en cualquier momento. Pero por el verano todo era diferente. No había apenas viento que la trasladara sin moverse de la cama al escenario de una película de suspense y en la ventana que se abría encima de su cama reflejaba el destello de miles de estrellas que parecían bailar en la laguna negra de la noche. Las noches de verano eran las que más le gustaba pasar en casa de los abuelos, y los despertares con el pitido del tren con el que bajaba a toda velocidad las escaleras de los tres pisos de la casa hasta llegar al jardín donde veía pasar el tren, mientras notaba el frescor del rocío posado en la hierba bajo sus pies.


Eran los trenes de madera. En los que los pasajeros del último vagón saludaban desde el pequeño balcón que servía de cola, en los que el juego de las ruedas al moverse hipnotizaba, y al que todavía se podía seguir con la mirada a un ritmo que te dejaba observar los detalles de los vagones.


Siempre le había encantado aquel aparato. Incluso en la actualidad, y después de haber pasado más de veinte años cogiendo dos trenes al día para ir de casa al trabajo, y del trabajo a casa. No quería parecer nostálgica, pero eran muchas las veces que se cruzaba por la calle con un pasajero habitual de su mismo vagón y sentía la tentación de ir a saludarle, como si se tratara de un amigo íntimo, y es que tantos viajes y días compartiendo asiento deberían estrechar amistades, o por lo menos crearlas. Entonces, cuando la razón tomaba el control de sus impulsos imaginaba cómo sería la relación de los pasajeros de los trenes que la despertaban de pequeña, aquellos trenes donde no todos los vecinos del pueblo podían permitirse el lujo de viajar todos los días. Quizás por eso, los pasajeros de aquellos trenes sí entablaban amistades, por ser menos o porque aún conservaban en su ser la actitud entrañable y amable de las personas; de las personas de verdad y no las de ahora tan frías e independientes del resto del mundo.


Puede, que por ese motivo, siempre dedicase sus días libres de trabajo a viajar en trenes turísticos, esos que intentando imitar el pasado, conservaban la estética de los primeros trenes, eso sí, de primera clase y con todas las comodidades del presente. Le encantaba acomodarse en sus amplios sillones, pasear por los vagones donde la gente era mucho más amable que en un cercanías, visitar el vagón comedor donde las mesitas sujetan lámparas antiguas y las ventanas están decoradas con cortinas muy bien colocadas. Esos eran los trenes que más le gustaban ahora, los que más se parecían a los de antaño y donde aún se podía respirar el calor de un viaje tranquilo y sin agobios. Un acierto. O eso pensaba ella que había sido el proyecto de las compañías de ferrocarril al proponer esos viajes turísticos por la región en trenes de siempre.


Y entonces, al llegar a la estación, el pitido que cuando era pequeña significaba el despertar hacia la felicidad, era ahora el despertar a la realidad, el final de un viaje inspirado en el pasado al que ya le ponían barreras. !Cómo odia esas horribles barreras automáticas!


Un niño, al otro lado de la barrera que marca la diferencia entre los que tienen billete y los que no, tira de la mano a su madre mientras le señala el tren que parece de juguete, un tren con aspecto de tener muchos años. Un tren al que ese niño sólo podrá ver desde el otro lado de la barrera, desde la frontera, pero sin sentir la libertad de un jardín enorme lleno de vida y paz ni el frescor de la hierba bajo sus pies. Ese niño nunca sentirá la atracción y verdadera devoción que ella siempre ha tenido por los trenes.

lunes, 16 de junio de 2008

Un ascenso con 'Brujería'




Diez campanadas fueron las que resonaron en la iglesia de San Pedro. En sus pies, el mar rugía con el orgullo de una ciudad que vestía sus mejores galas. Diez campanadas. Una por cada año que las lágrimas de miles de aficionados desprendían viendo como se esfumaba el tren a la división de oro del fútbol español para el equipo gijonés. Pero al final, como en toda buena película y sin guión premeditado, el final ha sido feliz. El Real Sporting regresa a Primera División.



Con la mirada perdida y sentado en aquel banquillo que ocupó durante tantas y tantas temporadas, recordaba los mejores momentos del equipo que se había convertido en su vida. Las viejas tribunas del Molinón guardaban el recuerdo del rostro de aquellos miles de desconocidos que componían su familia deportiva, el aire acercaba los cánticos entonados desde el fondo. Aquellas voces que daban el aliento a los jugadores en los malos momentos, que tantas veces habían arropado sus jugadas en las tardes frías de invierno y habían refrescado con sus banderas y bufandas los tragos más duros. Aquel estadio aguardaba como el arcón más antiguo todos sus recuerdos. Las jugadas compartidas con su hermano, los ascensos y descensos que hacían temblar los viejos cimientos del municipal gijonés; las emociones que tatuaban en la piel marcas invisibles pero imposibles de olvidar.


Sólo, sentado en el banquillo del equipo local lograba meditar. Cerrar los ojos y olvidar por unos instantes quién era para integrarse en esa esfera de desconocidos donde nadie sabe de nadie, en esa soledad que inunda las grandes ciudades en las que entre el revuelo y el stress gobierna la tranquilidad personal. Temía abrir los ojos y no ver la imagen del estadio vacío, imponente en el tiempo. Olvidar todo lo que había ocurrido entre aquellas gradas, pensar que nada de lo que recordaba había sido verdad. Y abrió los ojos, para dejar de soñar y ante él permanecían los asientos vacíos que vestían un césped espectador del vuelo de una paloma. También allí era donde él debería volver a alzar su vuelo, continuar con la vida digna de un Brujo.






Sería un día largo. Como al inicio de un partido, el pitido de un silbato esta vez en el interior del estadio indicó el inicio de una nueva jugada en el momento que le tocaba vivir. Frente a la soledad que reinaba en el Molinón, las instalaciones deportivas de Mareo acogían a miles de aficionados que como él sentían estremecerse el corazón. Había sed de victorias y ansia por celebrar un ascenso, o dos, y todo ello se dejaba notar en el ambiente.

Arropado por los suyos y entre los aplausos de los seguidores, logró entrar en el campo y disfrutar de un partido que sin más jugo que el ofrecido por un humilde empate daba la primera alegría a la afición sportinguista. El equipo filial volvía a Segunda División B, sirviendo la fiesta como aperitivo para lo que vendría después.


En la playa de San Lorenzo el mar también celebraba el primer ascenso del equipo gijonés. Al compás de las olas en su chocar con las piedras que sostienen la iglesia, miles de corazones latían al unísono, gritando en silencio repetir aquella tarde de junio el partido y la alegría vivida con los 'yogurines' de Mareo. Y estallaron, todos ellos. Con el inicio de cada cántico de la grada una ola rompía con fuerza dando libertad a la espuma blanca que asomaba por el muro como fuegos artificiales. Era el inicio de un final. El broche final para toda una década de sufrimiento en segunda división y el inicio de una nueva era.






!Ahora, ahora, ahora Quini ahora! La afición no olvida. No puede borrar de la memoria las jugadas de un joven jugador que llegado del Ensidesa vestía los colores de un equipo que ganaría el respeto de todos los campos de España, un Matagigantes que comenzaba a desperezarse en las botas de aquel jugador del Sporting.

Ya no se veían en el Molinón los saques de esquina tan peligrosos como cuando él los realizaba. El viejo estadio hacía tiempo que no era escenario de jugadas gloriosas y dignas para el recuerdo de todo aficionado al fútbol. Pero en la retina y en el corazón de todo sportinguista, continúa viva la imagen de Quini vestido con los colores del equipo gijonés y celebrando los goles, muchos con su hermano, Castro. Era la brujería de un Brujo que nunca se olvidó de su equipo ni su equipo de él, por eso, aquella tarde de junio fue protagonista, él y los jugadores que llevaban al equipo a Primera División.
Se cumple un sueño: el ascender a Primera División 10 años después de aquella funesta caída, casi en picado. Un ascenso puede ser la cura de una enfermedad, psicológica no obstante. Una situación increíble aún hoy para muchos que lo llevan deseando tanto tiempo, que han dejado sus voces en las gradas del Molinón, que han vertido su tiempo al equipo, para todos ellos que dedican su vida al Sporting. A partir de agosto ese sueño se verá más como la realidad que ya es y no como algo imaginario; pero para algunos, los que hoy vivimos en Gijón y en todos aquellos rincones donde late el corazón de un sportinguista, el sueño debe finalizar ya: estamos en Primera y nos toca ser los guionistas de un Sporting que seguirá respirando por aquellos que lo han dado todo por él.
Quini, va por ti

jueves, 5 de junio de 2008

Tutankamon en Londres


Londres y Egipto vuelven a unirse para mi, y esta vez no sólo en intentos de novela corta publicados en este blog. Los tesoros de la tumba de Tutankamon descubierta por Howard Carter han dado tanto que hablar en las últimas décadas que son muchas las ciudades que se ofrecen para albergar por unos meses los utensilios que en siglos anteriores al nuestro, pertenecieron al faraón niño.


Londres. La capital de esa isla acoge en su corazón un pequeño homenaje al Antiguo Egipto con la exhibición de los tesoros de Tutankamon, una oportunidad de oro para todos los amantes del mundo de los faraones y del país del Nilo que estos días estemos en Londres. Y yo, como no podía ser menos y aprovechando mi estancia en la ciudad de Sherlock Holmes, me 'regalaré' un día rodeada de lo más maravilloso que haya podido ver hasta ahora (exceptuando el museo británico al que siempre vuelvo, y hablando de Egipto). Ya me queda menos para conocer Egipto.

miércoles, 4 de junio de 2008

¿Un vaso de té?


El agua había tomado la temperatura adecuada para vertirla en la tetera. Siempre le habían encantado los juegos de té árabes que se veían en los documentales que emitían los fines de semana por televisión. El aspecto refinado de aquel artilujio llamaba la atención al más despistado que pasase por su lado, con su boquilla bien estirada, su tapa pomposa como si se tratase de un sombrero de gala, y su color plata. Plata y no dorado como el plato donde reposaban ya los vasos de color rojo con retoques dorados. El rojo. El color de la pasión, o quizás el color de una persona.


El ruido de los coches que pasaban por la calle debajo de su ventana y la leve brisa le hizo levantar la mirada. Vivían en una villa marinera, pero el mar quedaba lejos de su casa, un aliciente más para sentirse como en un pequeño rincón egipcio en las entrañas de una ciudad europea. Las cortinas bailaban, juguetonas. Era como si también ellas siguieran el compás de aquella canción que comenzaba a sonar y que ella canturreaba en alguna otra habitación.

- Shik...shak...shok. Shik, shak, shok....


Sí, aquel piso albergaba el espíritu egipcio. El humo del té se escapaba por la boquilla de la tetera como si fuera el despertar de algún genio que fuera a salir y concederle tres deseos. Por el pasillo, la luz del sol bañaba el suelo donde se proyectaba la silueta de ella. Se acercaba cantando aquella canción que sonaba mientras movía sus caderas al ritmo de algún instrumento árabe, a la vez que jugaba con sus manos, perfectamente colocadas, como si cogiese con suma delicaleza una pequeña perla entre sus dedos pulgar y anular.


Entonces apareció en la sala donde el té y él la esperaban. Sus ojos estaban perfectamente maquillados, alguno de sus gatos bailaba con ella ¿Bastet? Su rostro, sus movimientos y todo el ambiente que la rodeaba la hacían parecer como una diosa del Antiguo Egipto bailando en su pequeño país legendario encerrado entre las paredes de una vivienda de pleno siglo XXI. Era la magia de Egipto, la de la música, la que sólo forman los verdaderos sentimientos. Y era en ese mismo momento donde debía empezar la ceremonia del té.


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Aunque el té esté muy presente en cantidad de países y culturas, la tradición del té en los países árabes es tan común como la hora del té en Inglaterra. A mí, que me encanta el té, me regalaron hace una semana un juego de té árabe. Parece que me hubiesen leído el pensamiento porque llevo muchísimos años queriendo comprarme uno, pero por una cosa o por otra nunca lo había comprado. Ahora ya tengo mi tetera, dos vasos, la bandeja y.....a beber té! Gracias a los dos ;-)


Por cierto, he mirado por ahí a ver qué encotnraba de la ceremonia del té en los países árabes y he encontrado esto:

El té en el norte de África es una verdadera ceremonia. Si algún día estuviésemos invitados a tomar el té en una casa árabe, veríamos cómo el anfitrión d ela casa (normalmente la persona de mayor edad y varón) lo prepara normalmente.


En esta ceremonia, se ofrece a los invitados una jofaina con agua fría, en la que deben lavarse las manos. Tras ello, se acerca a la mesa un hervidor lleno de agua, la caja del té verde, el azucarero y sobre una bandeja, la tetera y los vasos con un ramito de menta fresca. Mientras el agua empieza a hervir, se pone en la tetera una cucharada de postre de té para dos vasos. Cuando el agua comience a hervir se vierte una pequeña cantidad sobre el té, moviendo la tetera con un suave movimiento circular para mojar el té, y se vacía el contenido en un vaso. Se repite la operación dos veces más con dos nuevos vasos, con el fin de lavar el té de impurezas. Entonces se vierte en la tetera el primer vaso y añadiendo agua hirviendo se lleva al fuego la tetera. Cuando el té hierve –cuanto más hierva, más fuerte será- se retira la tetera del fuego y se añade la menta, que se habrá preparado previamente y también un gran terrón de azúcar. Para terminar se añade un terrón de azúcar por taza.
Después empieza el proceso de aireación. Se llena un vaso de té y se pasa de este a la tetera dos o tres veces seguidas, elevando la tetera, para que el líquido se estire y el té se oxigene. Sólo faltará comprobar el punto de azúcar, llenar definitivamente los vasos y servir a los invitados. Mientras se consume, las hojas continúan en infusión, resultando cada té más fuerte que el anterior. Se acompaña habitualmente de pastelería típica árabe a base de hojaldre, miel y frutos secos.

viernes, 30 de mayo de 2008

Espeso ChOcOlate XI. Final

La lentitud del autobús al centro de Londres lograba encrispar la paciencia del más tranquilo. El tiempo del vuelo había sido menos del esperado, por lo que Ariadna llegaría primero al Mueso Británico. Sin pasar por casa, una hora y media después de haber llegado al aeropuerto londinense, lograba pisar el primer peldaño de la escalera que besaba la entrada del gran museo.
En la puerta, con la preocupación dibujada en la cara, se encontraban Ben y John. No sólo no les dejaban acceder a la sala donde estaba la momia, si no que tampoco les permitían entrar al museo.
- ¿Por qué razón? - preguntó Ariadna
- Dicen que incordiamos en los estudios de la momia. Ahora son ellos y su personal de confianza los que llevan la investigación
Tampoco a Ariadna la dejaron entrar.
Después de riñas y peleas con todo el personal con el que se encontraron, los tres se fueron a casa de John. Era una vivienda de las que la Reina de Inglaterra pone en alquiler. Estrecha, con el suelo de moqueta y antigua. Estaba próxima al museo y en las paredes, cubiertas de un papel muy hortera, lucían fotografías de colecciones que habían pasado por el museo en el que tantos años había trabajado John, antes de entregar su baja voluntaria. Las reliquias del Antiguo Egipto eran las piezas que más abundaban en las fotografías, junto con las del director del museo, las que John iba quitando a su paso y metiendo en una gran caja que iría directa al desván. Aquellas no volverían a lucir en la vivienda del ya retirado vigilante del museo.
El pasillo de la casa parecía interminable. Las puertas de las habitaciones se sucedían mostrando pequeños detalles de la vida de cada una de ellas. Al paso de una puerta, la que más arrimada estaba al cierre, Ariadna pudo ver el traje de vigilante fuera del armario. Debía de tratarse del dormitorio de John que, sin duda alguna, no había aceptado aún la renuncia a su puesto de trabajo en el museo. El recorrido por el largo pasillo se paró dos habitaciones más allá. Ariadna no podía imaginar lo que estaba viendo. A su alrededor, en todas las paredes de la habitación había fotografías de la momia. Incluso había una en la que aparecía Ariadna examinando el cuerpo.
- ¿Y esto?
- Muchas veces no se enteraba que entrábamos en la sala. Tan concentrada estaba en el estudio de la momia que teníamos que repetir el saludo para que supiera que no estaba sola. Yo también me siento atraído por la momia, por eso entraba en la sala por las noches, sólo para contemplarla, excepto la noche que....
- ¿Y esto otro?
La fotografía que ahora llamaba la atención de Ariadna mostraba a la momia envuelta en unas vendas con dibujos por todos lados. Eran hojas, ramas y flores que envolvían el cuerpo siguiendo las rutas marcadas por las vendas, y entre todos ellos se podían ver símbolos y algún texto escrito en jeroglífico. Ben estaba en el otro extremo de la habitación, mirando una fotografía que se centraba en el enramado que aparecía en el vientre de la momia.
- Mira esto.
Ariadna cogió la fotografía que Ben le mostraba y recordó las palabras de Carmen y la importancia del vientre.
- Aquí puede estar todo lo que buscamos.
- ¿Aquí? ¿Dónde?
- Es un enramado de dibujos y símbolos, estaba en el centro del cuerpo, a la altura del estómago.
- Exacto, John, en el vientre. Nuestra amiga está embarazada y el niño puede ser......
Ariadna se quedó pensativa, o al menos eso parecía en el exterior porque en su cabeza las pistas que tenía se iban enlazando tomando forma de una historia creíble.
- ¿Ariadna?
Ben intentaba devolver a la joven española a la conversación que ella misma había iniciado pero lo único que consiguió fue que pensara en alto.
- En el vientre está dibujado el símbolo del Ka, la fuerza vital. Los antiguos egipcios creían que al morir una mujer embarazada, el bebé que llevaba en su vientre seguía con vida, conservaba por lo tanto su Ka. Es el que la guiará en el camino, lo que dice el papiro. Por lo que, si es Reflejo de la Bella es reina entre las reinas del faraón, y posiblemente hija de Nefertiti y que subió al trono después que ésta porque nunca será como su madre, por lo que Akhenatón ya estaba muerto.
- Ve más despacio, Ariadna, estamos perdidos.
John y Ben miraban a la joven boquiabiertos. Les costaba seguir la historia aunque poco a poco iban entendiendo de qué iba todo. De repente, una llamada de Raúl interrumpió la conversación. El arqueólogo parecía haber encontrado algo importante y en aquel momento estaba de camino al aeropuerto del Cairo junto a sir Wilord. Le había contado todo lo que estaba pasando con la investigación y el cónsul inglés había decidido tomar cartas en el asunto. Sabía que Fathi intentaría frenar todo aquel descubrimiento que cambiaría la percepción de la historia del Antiguo Egipto y eso suponía un obstáculo al conocimiento de una de las civilizaciones más antiguas hasta el momento conocidas.
Cargados de las fotografías y el papiro que Ariadna había tomado prestado del museo de Berlín, la joven, Ben y John fueron a recoger a Raúl y a sir Wilord al aeropuerto. John también cogió su uniforme de seguridad del museo. En cinco horas llegaría el avión procedente del Cairo y esa misma noche podrían visitar todos el museo.
Estaba siendo un día agotador. Ariadna todavía no había tenido ni un minuto para descansar y el cuerpo comenzaba a pedir un respiro. A la entrada del museo, John entró sin ningún problema. Suerte que muchos de los miembros del cuerpo de seguridad no sabían aún que el guarda más veterano había renunciado a su puesto de trabajo. Sin encontrar ningún problema, John abrió la puerta lateral del edificio y después se aseguró que la sala donde descansaba la momia estaba sin vigilancia. Ariadna, Ben, Raúl y sir Wilord fueron entrando uno a uno y en silencio en el museo hasta llegar a la sala. Cuando se disponían a entrar, una voz tras de ellos les saludaba con ironía. Era el director del museo.
- No sé qué hacen aquí a estas horas ni quienes son. Intrusos, no obstante. John, me sorprendió ver su cese sobre mi escritorio, aunque después me alegré de ello. Veo que pese a ello sigue utilizando el uniforme que tendría que haber devuelto con aquella renuncia a su empleo. Esto, amigos mios, es como un allanamiento de morada y como consecuencia, tiene su castigo.
La expresión bobalicona que mostraba el director del museo mientras removía el té de una taza que sostenía en sus manos se congeló al oir y ver el rostro del cónsul inglés del Cairo en el pasillo.
- Mi querido amigo. Me he enterado que ha estado estos días en Egipto y no ha pasado a verme. Eso no es ético para un caballero inglés. Por ello, he decidido acercarme hasta su guarida para que me explique qué asuntos le han llevado hasta allí últimamente y que no han sido comunicados ni al gobierno británico ni a su consulado en Egipto. De paso, claro, he decidido conocer personalmente a Reflejo de la Bella, aunque ustedes ya la hayan desnudado.
La mirada del director del museo brillaba en la oscuridad como los ojos de un felino. Sin embargo, el porte de su rostro permanecía intacto e impasible a las palabras del cónsul. El director volvió a mostrar una sonrisa irónica para preguntar por Reflejo de la Bella.
- No quisiera ser grosero,- dijo dirigiéndose a sir Wilord - pero en la historia del Antiguo Egipto, mi gran amigo, no hay ninguna referencia que hable de tal mujer.
- Miente - gritaron a la vez Ariadna y Raúl
Las carcajadas del director retumbaban en los pasillos vacíos del Museo Británico, algo que hizo que Gereh Fathi abriera la puerta para ver qué pasaba afuera. La expresión en la cara de éste tampoco pasó desapercibida.
Al fondo y entre los pocos huecos que dejaba de visión el obeso cuerpo de Fathi se podía ver un cuerpo oscuro tumbado en la mesa de examinación. A sus pies, reposaba un manojo de vendas, unas decoradas y otras limpias de todo color más que el amarillento que había invadido la pureza del blanco por el paso del tiempo. El caracter egipcio era muy diferente al frío comportamiento inglés, por ello, Fathi comenzó a balbucear unas palabras en árabe que sólo Raúl, Ariadna y sir Wilord entendieron.
- No suplique más a Alá, Fathi. No es ese dios el que juega en la época de Reflejo de la Bella. No sabrá qué le está suplicando. Igual si prueba con Ra....
Ariadna mostraba su enfado con la ironía, aunque en el fondo le estaba cogiendo gusto a eso de vengarse de aquellos que entorpecían su investigación.
- No entiendo por qué se ponen nerviosos cuando pronunciamos ese nombre.
- Señorita, -la interrumpió el director - no nos ponemos nerviosos ante un nombre que se están inventando.
- Muy bien, entonces que sea Fathi el que me explique el significado de este papiro.
Cuando Ariadna extrajo el viejo papiro, el rostro de Fathi comenzó a palidecer. Sir Wilord telefoneó al consulado y al gobierno egipcio para ponerlos al tanto de la situación, Ben llamó a la policía para que se personara en el Museo Birtánico y ante tanta presión Fathi comenzó a hablar.
- En Egipto necesitamos fondos para continuar estudiando las piezas que vamos encontrando y la única forma de conseguirlos es vendiendo las más valiosas, las que, por supuesto, no han salido a la luz pero ya se han descubierto. El mercado negro de reliquias antiguas da mucho dinero y es nuestra principal fuente de ingresos. Reflejo de la Bella no es una de las reinas más importantes de la historia de Egipto porque los propios egipcios en la antigüedad se preocuparon mucho por borrar todo rastro de ella.
- ¿Por qué? - preguntó Ben
- Quería ser como Nefertiti y en algún momento intentó fragmentar el país.
- No, señorita Ariadna. Ella no fragmentó el país porque en época de Tutankhamon no se conocen guerras, excepto aquella interna y religiosa provocada por Ajenaton. Los antiguos sacerdotes, fieles al dios Amon, habían logrado poner en orden de nuevo la jerarquía religiosa tras la llegada al trono del faraón niño. Pese a ser descendiente en el trono del rey Hereje y de su esposa, la poderosa y bella Nefertiti, Tutankhamon logró devolver la unidad a Egipto, o por lo menos el orden que querían los sacerdotes de Amon. Sin embargo, Nefertiti, tras el fallecimiento de la hija que había logrado unir al farón, logró unirlo de nuevo, esta vez con una extranjera descendiente de reyes, pero criada en Amarna. El objetivo de Nerfertiti, según se cree, era que la extranjera engendrase descendientes de Aton y devolver el culto a ese dios.
- ¿Reflejo de la Bella?
- Exacto. Reflejo de la Bella estaba muy unida a Nefertiti y, pese a que muchos jeroglíficos la mostraban como más bella aún que nuestra Dama del Nilo, la reina admiraba también su belleza, de ahí que permitiera crear maquillaje con el nombre de su hija adoptiva. Pero tras la muerte de Tutankhamon los sacerdotes tomaron más poder aún en contra de todos los fieles a Aton, infieles para ellos. Junto con Ay, padre de Nefertiti y sucesor en el trono de Tutankhamon, hicieron todo lo posible por terminar con cualquier rastro de la religión monoteísta a Aton.
- Y Reflejo de la Bella era el primer objetivo - interrumpió Raúl
- Sí. No obstante, no se sabe cómo murió, porque la momia demuestra que tuvo celebraciones funerarias dignas de una reina.
- ¿Y la sustancia griega para evitar el aborto que John encontró en su puño derecho? - preguntó Ben.
- Hay escritos muy antiguos, que al igual que este papiro del museo de Berlín sobrevivieron a las corrientes destructivas del periodo de monoteismo a Aton. Esos mismos son los que consultó la reina Cleopatra, en la época final del reinado faraónico. La descendiente de griegos, de la dinastía ptolotemaica, estaba enamorada de las tradiciones de Egipto. Se sentía como la más egipcia de todos y luchó con todas sus fuerzas por recuperar la edad dorada de su país. Entre ellos estaba el estudio de la historia, y recordemos que en aquella época la biblioteca de Alejandría contenía muchos datos y textos. Cleopatra supo de la existencia de reinas poderosas como Nefertiti y Hatshepsut y ordenó encontrar sus tumbas para idolatrarlas, pero no encontró nada, excepto a Reflejo de la Bella. Entonces sus estudios se centraron en ella. Aquello volvió a remover a los antiguos y más conservadores, y nuevamente intentaron obstaculizar los planes de Cleopatra. Como aquello era imposible, hicieron lo que más daño podía hacer y menos se notara, matar al Ka que Reflejo de la Bella llevaba en su vientre y así eliminar su fuerza vital. Pero la reina averiguó aquella trama y colocó esa sustancia que evitaba el aborto y así aseguraba que el Ka de Reflejo de la Bella siguiera guiándola en el más allá.
- Pero eso era un producto griego.
- En la época de Cleopatra Egipto ya estaba lleno de extranjeros, especialmente de los griegos. Es normal que las prácticas curativas de este país fueran las que se utilizaran entonces.
- ¿Las imágenes entonces de los dos niños sentados en el trono?
- Son Tutankhamon y Reflejo de la Bella.
- ¿Qué pasará con ella ahora? - preguntó Ariadna mirando a Reflejo de la Bella
- La devolveremos a Egipto - contestó sir Wilord - Allí unos expertos en momificación antigua volverán a colocarle sus vendas y la protegerán con otras nuevas. Yo mismo me encargaré que no se olviden de colocar todos los amuletos que se ponían en el ritual. Incluyendo el escarabajo en su puño derecho y no esa especie de grano de café. Después, la colocaremos en un lugar digno de una reina en el Museo del Cairo. Allí no le faltará de nada.
El traslado de la momia al Cairo, bajo las órdenes del gobierno egipcio y el inglés, sólo tardó unos días. La operación fue seguida por miles de personas a través de las cámaras de televisión por todo el mundo. También el que fuera director del Museo Británico pudo verlo en primera fila y a través de una pequeña pantalla de televisor en el centro penitenciario en el que se había convertido su casa después de haber sido juzgado y condenado por tráfico de antigüedades para beneficio propio además de otros muchos cargos. Gereh Fathi corrió peor suerte con la justicia egipcia y no podría ver, metido en su celda, ni el traslado ni la luz del sol por muchos años. John decidió ver la despedida de la momia desde el propio museo, al que había vuelto como guarda de seguridad. En cuanto a Ariadna y Raúl, acompañaron en todo momento a Reflejo de la Bella, responsables de su cuidado en el traslado.
En el Cairo los esperaban Ben y Carmen, a la que Ariadna había invitado para presentarle a Reflejo de la Bella. La recepción en Tell el-Amarna, donde se presentaría públicamente a los medios, fue digna de una reina capaz de vencer las fronteras del tiempo.

Espeso ChOcOlate X

Las gotas de la helada que había bañado la noche del invierno alemán, rodaban por el cristal de la habitación de Ariadna. A lo lejos, el sonido estridente de un teléfono móvil sonaba. Con una voz más profunda e interior, las frases escritas en jeroglíficos no paraban de repetirse en la cabeza de la joven española. El sonido del teléfono se fundía en el silencio y al rato volvía, insistente. Era Ben.
- ¿Quieres buenas o malas noticias?
Ariadna no era de esas chicas que se levantan de buen humor y menos cuando las despiertan. Sin embargo, se pensó dos veces antes de contestar cómo debía hacerlo; sabía que Ben no la llamaría por una tontería y a una hora tan temprana.
- Te dejo elegir.
- Bien, pues comencemos por la mejor. Ya se hacer chocolate al estilo español. ¿Vamos con una noticia un poco más amarga?
- No me puedo creer que me hayas llamado para decirme esa tontería.
- A llegado el director del Museo anoche y.....créeme, lo que te voy a decir no es divertido.
- Suéltalo ya.
- Creo que debes regresar a Londres. El director ha prohibido la entrada a la sala de la momia a toda persona. Sólo él y un tal Fathi entran cada día. Lo que sí sé es que han quitado las vendas. Han desnudado a tu momia.
- ¿Qué han hecho qué? Ben, esa broma no tiene gracia, en serio te digo que...
- No es una broma. Tienes que venir. Además, Christine me ha dicho que la sustancia que le dimos a analizar era exactamente lo que yo dije. Un producto creado con semillas y procedente de Grecia, pero no es el utilizado para evitar el embarazo, es el que evita el aborto. La época es lo que no coincide con la que data la momia. Según Christine la sustancia fue incluida en el cuerpo muchos siglos después. Data del siglo I a.C
- ¿Del siglo I a.C? Un momento, ¿data de la época ptolemaica?
- Esa sustancia procede de Grecia, ¿recuerdas?
No se podía creer lo de Fathi y el director del Museo. Al final, no era alemán como había dicho Raúl, el que estaba con Fathi en Egipto, era inglés. Sin pensárselo dos veces, Ariadna telefoneó a Raúl, aunque lo que escuchó no le alegró. El también egiptólogo ya sabía de quién se trataba aquel europeo que negociaba con Fathi. El director del Museo Británico tenía algo entre manos con el responsable de antigüedades egipcias y, al parecer, era algo relacionado con la momia. Raúl estaba escondido en casa de uno de los familiares de Sir Wilord, el cónsul inglés en Egipto, porque había descubierto en un recipiente encontrado en Tell el-Amarna un cartucho de 'Reflejo de la Bella' y a su lado un dibujo donde se veía al faraón y a la reina sentados en el trono. Aquella no era Nefertiti, ni el faraón se parecía a las demás representaciones de Akhenatón, más bien parecían un niño y una niña sentados en el trono.
- ¿Un niño? ¿Un niño en Amarna? Raúl, es Tut, era niño cuando subió al trono.
- ¿Y ella?
- ¿Ella? Reflejo de la Bella, tu mismo lo estás diciendo. No me puedo creer...
- Ariadna. Tengo que dejar de ayudarte. Es todo lo que pude hacer. Fathi me ha traicionado. Él y el director del museo están en contra de que se conozca la verdadera identidad de la momia. Temen que sea Reflejo de la Bella.
- ¿Cómo? ¿Por qué?
- De tratarse de una de las esposas de Tut, de estar embarazada.....podría haber sido la heredera al trono de Egipto, y no Smenjara, como sucedió. Ella como regente o su hijo. Puede ser que Nefertiti la hubiese eliminado para quedarse ella en el trono de Egipto.
- Eso es imposible. El papiro dice que no será como su madre, rey del Alto y Bajo Egipto. Nefertiti se erigió como rey. A la muerte de Reflejo de la Bella, Nefertiti ya había ocupado el trono.
- Regresa junto a la momia. Fathi y el director del museo están en camino.
- No. Ya han llegado.
Los nervios recorrían el cuerpo de Ariadna en todas direcciones, como impulsados por el compás de una darbuka golpeada con fuerza cuyo ritmo era imposible de seguir. Ni siquiera el shimmi lograba tranquilizar a la joven mientras hacía su maleta y sacaba un billete de vuelta a Londres. El tiempo justo para llegar al museo de Berlín a la hora de su apertura. Tenía que llevarse el papiro, tenía que leerlo delante de la momia y asegurarse que se trataba de la misma mujer: 'Reflejo de la Bella' y el cuerpo momificado. Carmen, a la que le faltaban unos meses para irse de viaje y no volver al trabajo tal y como le había prometido a sus sobrinos, la única familia que le quedaba, no necesitó muchas explicaciones para entender qué pasaba. Por eso, extrajo el papiro de su archivador, lo guardó con cuidado en un frasco, enroscado para que no se estropeara, y se lo entregó a la joven, con la condición que se pusiera en contacto con ella cuando descubriera todo lo relacionado con 'Reflejo de la Bella'. Cuando Ariadna se disponía a salir, Carmen la cogió del brazo,
- El vientre. En el vientre de 'Reflejo de la Bella' está la explicación. Lo dice el papiro, casi al final.
Ariadna sacó la traducción que había hecho días atrás del papiro y leyó en voz alta:
'Los dioses alimentan tu vientre. Él te ha sentado en el trono, él te guiará en el juicio final.'
- No lo entiendo.
- Fíjate en el papiro. Tras esa frase está la palabra 'mdu nrt'
- Palabra - dijeron ambas a la vez
- Examina el vientre de tu momia.
Todo coincidía. La importancia del vientre en el papiro, la alusión a que 'Reflejo de la Bella' estuviese embarazada, la época en la que datan la momia y el papiro. Los nervios cada vez eran mayores, pero, ¿por qué Fathi y el director del museo querían evitar que se descubriese la identidad de Reflejo de la Bella? ¿Quién y por qué colocó en la mano de la momia una sustancia griega siglos después de la muerte de la mujer?¿Quién era Reflejo de la Bella y por qué la habían borrado de la historia?¿Estarían los razonamientos de Raúl en lo correcto?